El Profesor Gonzalo Chávez del Área de Finanzas nos va contar cómo ha mejorado desde su primera clase hasta hoy.  ¡Espero que lo disfruten!

Pienso que he mejorado en cinco aspectos:

1. Intuición y erudición: Mis primeros esfuerzos de enseñanza se concentraban en explicar modelos financieros y criterios de decisión con el mayor detalle y rigor posibles. Buena pedagogía implicaba dar a mis alumnos la “historia completa”, a pesar de que esto la convierta en poco interesante. Después de todo, quién estudia finanzas para divertirse. En el presente, le dedico mucho más esfuerzo a tratar de que mis estudiantes entiendan el material de manera intuitiva. Entender ayuda mucho a no olvidar. Para lograr esta intuición, ahora me esfuerzo mucho más en incorporar aplicaciones prácticas (por ejemplo, usando experiencia de consultoría). Pienso que no hay nada como una historia clara, concisa, y con humor para ayudar a los estudiantes a recordar y entender un concepto.  Hay que tener cuidado y evitar que una “historia de guerra” reemplace a una explicación académicamente responsable, pero la intuición y aplicabilidad ahora son una parte mucho más importante de mis herramientas pedagógicas.

2. Ya no me tomo tan en serio: La natural inseguridad que todos sentimos al inicio de nuestras carteras de profesores me hacía muy sensible a cualquier desacuerdo o cuestionamiento por parte de mis alumnos. Es más, un desacuerdo lo tomaba como una afrenta personal que demostraba falta de respeto a mi persona. Esto generalmente generaba una respuesta defensiva de mi parte, muchas veces contaminando un buen ambiente de clase tan difícil de lograr. Hoy, les digo a mis alumnos que me gusta mucho cuando están en desacuerdo conmigo y me cuestionan, ya que me ofrece la oportunidad de explicar mi posición. Esto logra el importante objetivo de quitar, tanto para ellos como para mí, la percepción negativa de estar en desacuerdo.  Por lo tanto, se crea un ambiente donde se debaten ideas más libremente, un ambiente más relajado. El no tomarme tan en serio también ha cambiado la manera en que reacciono ante comportamientos inadecuados. En vez de increpar o castigar a un alumno por conversar, dormir y hacer “texting” en clase, le hago una pregunta. Ante la expresión de sorpresa, le digo que es una lástima que se haya perdido la conversación, ya que estoy seguro de que le hubiera gustado y aprendido de ella. Similarmente, un toque en el hombro o una conversación cercana y a los ojos  hará mucho más en motivar al soñoliento que una reacción tajante. Al final, he decidido que prefiero “salvar” al alumno y no aislarlo. Por supuesto, esto no significa que nos olvidemos de las reglas. Sin embargo, ahora aplico consecuencias punitivas solo después de intentar estrategias más positivas.

3. No necesito saberlo todo: Al inicio de mi carrera, mi idea era que, como instructor, tenía que tener todas las respuestas. Es más, mejor era adivinar que perder el respeto de mis alumnos al no poder responder. Hoy en día, con mucho gusto acepto el no tener una respuesta. Después de preguntar si alguien en la clase tiene una opinión, generalmente acabo mi intervención con la promesa de ir a casa con mi tarea y traerles la solución. Con el paso de los años, me he dado cuenta que los alumnos aprecian este nivel de transparencia, especialmente cuando cumplo con mi promesa de traer una respuesta bien pensada.  La reacción cuando les digo: “bueno, les debía una respuesta así es que aquí va…” es siempre positiva y agradecida. Siento que gano su respeto, en vez de perderlo.

4. La globalización implica flexibilidad: El enseñar ha cambiado mucho en la mayoría de las escuelas de negocios y universidades con éxito. Antes había más homogeneidad de culturas y procedencias. Yo no tenía que preocuparme por la manera en que las características culturales  afectaban a mi clase. Ahora presto mucho más atención al país de origen de mis alumnos. Así,  mentalmente, me preparo para motivarlos de distintas maneras. Por ejemplo, algunas culturas siempre demostraran acuerdo, por respeto. Por lo tanto, necesito trabajar mucho más duro y de manera menos confrontacional para ayudarles a participar en clase. La globalización ahora demanda mucho más flexibilidad y adaptación de mi parte.

5. El papel de un ambiente relajado: Cuando comencé a enseñar, el salón de clase era simplemente el lugar donde yo transmitía mi conocimiento, y la calidad de mi enseñanza era una función del material presentado. Hoy, siento que el ambiente de clase y la calidad de mi enseñanza están dramáticamente interrelacionados. El invertir en lograr un ambiente de clase relajado es increíblemente importante en el aprendizaje de los alumnos. Si ellos sienten que están en un lugar donde se permite el debate e intercambio de ideas y que se pueden equivocar, ellos estarán más dispuestos a cuestionar y preguntar. A su vez, estas intervenciones ayudaran al resto de la clase  a aclarar sus ideas. Al final, he aprendido que mi éxito como profesor depende de cuánto entienden y retienen mis alumnos. Las dos cosas se logran de mejor manera en un ambiente relajado de clase.

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